Por qué la interpretación literal lleva al premilenialismo

Si la misma hermenéutica que aplicamos al Génesis la sostenemos hasta el Apocalipsis, el reino terrenal de Cristo deja de ser una metáfora y vuelve a ser una promesa que Dios cumplirá.

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Texto de muestra — reemplazar por el ensayo real

Hay una pregunta que rara vez se hace en voz alta, pero que decide de antemano cómo leeremos buena parte de la Escritura: ¿usamos el mismo método para interpretar la promesa hecha a Abraham que para interpretar la promesa del reino venidero? Quien responde que sí, y lo sostiene con honestidad, termina en un lugar al que muchos preferirían no llegar.

El argumento es más sencillo de lo que parece. Si Dios eligió a su pueblo de forma soberana, incondicional e irrevocable, entonces su fidelidad no se reparte en dos varas distintas: una literal para la Iglesia y otra alegórica para Israel. El Dios que cumple lo que prometió a los suyos cumplirá también lo que juró a la nación que escogió.

«Porque los dones y el llamamiento de Dios son irrevocables.» — Romanos 11:29

Una sola vara de medir

El problema de buena parte de la tradición reformada no es que interprete mal un pasaje, sino que cambia de método a mitad de camino. Lee el Antiguo Testamento de forma gramático-histórica hasta que el texto anuncia un reino terrenal; entonces, y solo entonces, recurre a la alegoría. La pregunta incómoda es por qué. Y la respuesta suele ser que una lectura llana de las promesas conduce a una conclusión que su sistema no quiere admitir.1

Pero el texto no nos da licencia para esa inconsistencia. Si la profecía cumplida en la primera venida de Cristo fue literal —nació de una virgen, en Belén, de la línea de David—, no hay razón hermenéutica para volver figura la profecía aún no cumplida. La misma fidelidad que llenó el pesebre llenará el trono.

La coherencia que el texto exige

Aquí está el corazón del asunto. No se trata de defender un esquema profético por gusto de los esquemas, sino de leer a Dios como quien dice lo que quiere decir. Cuando la Escritura promete que el Mesías reinará sobre la tierra, lo más reverente que podemos hacer es creerle de forma sencilla, en lugar de corregir su lenguaje con el nuestro.

«Y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin.» — Lucas 1:33

Por eso el estudio de la escatología no es un pasatiempo de curiosos. Es, en el fondo, una prueba de si confiamos en que Dios cumple su palabra tal como la dio. El que aprende a leer toda la Biblia con una sola vara descubre que la esperanza del creyente no descansa en un símbolo, sino en una promesa que vendrá a cumplirse en persona.

  1. El planteamiento sigue la línea expuesta por John MacArthur: una interpretación literal y consistente del Antiguo Testamento conduce naturalmente a una conclusión premilenial, y el abandono del método literal en la escatología es un movimiento del intérprete, no una exigencia del texto.
Giovanny Rey Cediel
Escribe en Refugio Fiel ensayos, estudios y exposiciones bíblicas para edificación de la iglesia. Tiene una Maestría en Ministerio Bíblico (MMB) del Master's Seminary y ha hecho del estudio de la Escritura el centro de su vida.